Capítulo 58: Artilugio en Valdivia

Encuentro con Vicente Torres Director de Artilugio y miembro de la compañía Abuela Poroto

Visita del 22 diciembre 2025

Vicente Torres: Estudié Pedagogía y Lenguaje en la UACH (Universidad Austral de Chile). Los cursos de esta carrera incluían Teatro. Ahí conocí a profesores como Roberto Matamala y Margarita Ponce. Comencé a interesarme más en el teatro que en el resto de las materias y terminé fundando mi propia compañía.

Comencé a dedicarme completamente al teatro abandonando Pedagogía. Levanté un Centro Cultural en Niebla. A ese espacio llegaba mucha infancia aunque nuestras actividades estaban pensadas más para adultos. Entonces empecé a hacer títeres, cosa que nunca había hecho antes. Aprendí Lambe Lambe en un taller en Puerto Montt y pasé mucho tiempo haciendo Lambe Lambe en la calle.

El comienzo

Conocí la esponja e hice mi marioneta de mesa con la cual contaba historias. Hice una obrita con ella y en Queilén hubo un encuentro de titiriteros y ahí conocí el gremio. Estaban presente como cuarenta maestros.

Yo tenia 22 años. Uno de los artistas me propuso hacer la obrita en un teatro y acepté entusiasmado. Se hizo una grabación y algunas fotos y pude armar mi dosier. Me aconsejó dedicarme al títere, no como hobby, sino como oficio.

Así empecé. Llevo casi 9 años en este arte, tengo varias técnicas de manipulación como práctica y hago máscaras también… y gigantes, que comencé a hacer en la última creación que fue para un espectáculo de calle con una murga. En escena hay 8 personas que forman un ensemble de vientos y son 6 personajes que utilizan la media máscara. La historia es sobre los monitos del monte que están en vías de extinción. Los monitos del monte en la escena encuentran una cola enorme, con propiedades biológicas que son las que les servirían a ellos para sobrevivir. La cola pertenece a un mastodonte, de aquellos que vivían acá en Chile en la prehistoria. Los monitos del Monte encuentran a un cisne, una libélula y al cóndor, esas son tres marioneta gigantes. No hice realmente un elefante gigante porque trabajé a partir de la escala real del golfoterio, que no deja de ser gigante. Estuvimos 4 meses produciendo el espectáculo y solo ahora se comienzan a vender funciones, lo que nos va a permitir pagarnos por el trabajo hecho. Yo soy uno de los manipuladores del golfoterio. Me gustaría poder hacer más creaciones para la calle, pero estando afuera, dirigiendo en el espacio. Estuve viajando por Francia y fui a los festivales de artes callejeras. Como Chalon o Aurillac. También fui a ver a Tolosa la compañía La Machine. Allí sí que hacen gigantes gigantes. Pero ya no son tan marionetas, son más máquinas movidas por los humanos, con mucha tecnología. Como el Royal de Luxe que vino a Chile con sus gigantes. Vi que en Francia sí hay plataformas de trabajo y creación.

Las metas

En Valdivia no hay escuela de teatro. Si yo pude estudiar teatro en la universidad fue a través de la carrera de Pedagogía y Lenguaje. Ahora hay un diplomado, pero en ese programa de estudio no se incluye la marioneta ni el títere. A través de la corporación de titiriteros postulé a un proyecto para hacer formación y lo estoy realizando. Lo que observo es que, de los que llegaron como estudiantes, hay 8 que continúan, que han terminado el primer ciclo y se quedaron para el segundo ciclo.

Pero por falta de plataformas para trabajar, saben que no se pueden dedicar por completo al oficio. En este segundo año las personas están aún con más motivación; a pesar de la falta de horizonte, de la inexistencia de circuitos y plataformas.

El tercer ciclo quiero que sea para buscar el juego, que yo llamo la dramaturgia del delirio. Conectar con el alma del títere… experimentar que yo, como ser humano muy serio, me puedo conectar y hacer hablar al títere de otras cosas, más delirantes.  Son puertas que deseo abrir. Jugar en la escena, to play, « jouer », en francés.

También veo que Valdivia es muy propicio para la marioneta. Se está creando un grupo que quiere seguir aprendiendo y embarcarse  en la aventura del espectáculo y todo lo que implica.

Lamento no tener recursos para cubrir más de lo que ahora hago.

Fleur Marie: Es el momento tal vez de inventar un encuentro de titiriteros aquí, y que cada uno muestre su trabajo, crear una plataforma que no cueste tanto. Hacer un espacio “vitrina”, un mini festival para invitar programadores.

Vicente:  El 17 y 18 enero 2026 vamos a hacer un pequeño encuentro acá, con la ocasión de la venida de Pepe Otal de Barcelona. Ellos son un taller y tienen un espacio de creación y convivencia. ¿Los conoces?

Fleur Marie: No, no los conozco. Me ocupo de marionetas gigantes. Las pequeñas las fabrico para compañías que me piden crear para sus espectáculos. Aunque he hecho obras con las pequeñas sea con las marionetas de hilos o de sombras o con títeres de mesa. Mi tema más potente es la marioneta de calle, gigante.

Vicente: Aquí, con la compañía queremos generar un espacio bajo carpa. Tenemos toda la técnica de luces y sonido. Pensamos poner una carpa acá mismo, en el patio que está detrás de la casa. Tener cartelera. Sería el primer teatro independiente de Valdivia que funcionaría de manera ininterrumpida.

Lo que falta

Fleur Marie: La investigación me ha permitido encontrar mucha gente y he visto que la gran mayoría está con falta de espacio. También veo que no se ha cultivado lo de agruparse, juntarse, para hacer más fuertes los movimientos culturales y así compartir los gastos de espacios más grandes. He visto solo algunas agrupaciones reunidas en casonas en Santiago, especialmente en el barrio Yungay.  

Vicente: Sí. Muchos están ensimismados en la individualidad. Yo participo con ATTICH. Es difícil organizarse de Arica a Punta Arenas por la dispersión, la diversidad, el poco tiempo disponible para coordinar cosas; porque la realidad es que los artistas titiriteros están ocupados solucionando su cotidianidad. Luchando para tener «el pan de todos los días». Es eso la precariedad. Yo agradezco tener trabajo todo el año, funciones y talleres. Hace tres años que ya no trabajo en la calle. Vivo de las funciones en las escuelas, de los proyectos. Es muy arduo, pero, veo que hay colegas que están realmente en la pobreza. Y no les pagan el trabajo por su real valor que podría ser 400 mil pesos y siempre va a ver alguno con mayores necesidades que va aceptar realizar una función por 100 mil pesos.

Fleur Marie: Qué triste, esto no ayuda a valorizar el trabajo.

Vicente: Es una lucha para poder reunirse, federar. Si trabajáramos juntos sería mucho más potente y tendríamos más incidencia. Tengo muchas ganas de eso, pero hay que esperar.

Ahora estoy coordinando y planificando una acción junto con tiriteras y titiriteros de otros territorios. La idea es de conseguir un decreto, un decreto municipal. Una ordenanza municipal. Se llamaría «rincón titoril », que sería para regular un espacio público, un formato que se puede aplicar en cualquiera municipalidad. El decreto pasaría como una ordenanza: se aprueba o se rechaza. Pasaría cada vez ante el consejo municipal y, si se aprueba, sería acá en la Costanera, por ejemplo, un espacio de 30 metros cuadrados, como mínimo, «El rincón titoril», solo para títeres, y en ese lugar se harían obras, ensayos, se harían talleres y se comercializarían títeres hechos por los titiriteros. Se pasaría la gorra y se propondrían títeres a la venta. Nosotros ya tenemos una juguetería de títeres que estamos tratando de hacer surgir. La idea es que esto permita generar circuitos interterritoriales.

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