Primeras referencias coloniales
En 1556, Según las actas del Cabildo de Santiago se convocó a sastres, carpinteros, herreros, zapateros, plateros y animadores para confeccionar figuras destinadas a las procesiones del Corpus Christi, siguiendo la tradición española. Los artesanos tenían que participar o pagar una suma en oro.
Así surgieron pendones, carros alegóricos, gigantes de cartón, cabezudos y tarascas. Aunque tenían un carácter profano, fueron aceptados porque acercaban la procesión al pueblo y la secularizaban.
Gigantes y mojigangas
En Chile, los gigantes hechos de trapos y cartón, manipulados desde dentro, cobraban vida y amedrentaban a niños y adultos. Se representaban figuras como los Goliatces, los Godos o las Tarascas (dragones y serpientes), acompañados de payasos y saltimbanquis.
Otra versión consistía en muñecos de mimbre llevados sobre los hombros, cuyos brazos se movían con varillas. Estas figuras se llamaron mojigangas.
En el siglo XX, la revista El Fígaro relataba que después de las corridas de toros se presentaban mojigangas cómicas para honrar a los toreros. Eran un “teatro breve”, con mínima escritura y gran despliegue visual.
Testimonios históricos
El historiador Roberto Hernández Cornejo, en Los primeros teatros de Valparaíso, menciona un hecho del 17 de abril de 1791:
“… se presentaban al aire libre, en días de solemnidad religiosa, algunas comedias en que el profano andaba mezclado con lo divino. Nunca dejaron de figurar en su aparato escénico una media docena de gigantes de cartón que representaban el Pecado, la Muerte, la Herejía, el Islamismo, etc. Iban manejados por hombres ocultos en su interior, como vemos hoy en día, los hombres-avisos que suelen pasearse por nuestras calles”.

Carácter popular
Estas celebraciones se extendieron a otras ciudades, siempre con artesanos confeccionando gigantes y tarascas para carnavales y fiestas. El pueblo disfrutaba de farsas, chistes y comicidad, prefiriendo estas representaciones al teatro burgués, más rígido y moralizante.
En el siglo XIX, la Iglesia y empresarios promovieron campañas para cerrar centros de diversión popular, pero el derecho a la diversión se defendió como válvula de escape frente a la presión laboral, social y religiosa.
Siglo XX: Teatro de masa
Impulso universitario
Entre 1938 y 1942, bajo la presidencia de Pedro Aguirre Cerda, se fundaron el Teatro Experimental de la Universidad de Chile (1941) y el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica (1943), pilares del desarrollo teatral.
El Estadio Nacional, inaugurado en 1938, fue escenario de los Clásicos universitarios: partidos entre la U. de Chile y la UC, acompañados por barras estudiantiles que incorporaban humor, escenografía y canciones.

La Copucha
De esos enfrentamientos nació “La Copucha”, una forma humorística que incluía alusiones políticas y sociales. Desde 1945, las barras integraban coreografías y elementos visuales, acercándose al teatro circular y al teatro de masa. Los primeros directores de barras fueron Gustavo Aguirre (UC) y Alejandro Gálvez (UCH). Durante tres décadas, cada encuentro mejoraba en creatividad y organización.
Consolidación del teatro de masa
Un testimonio de la época señala:
“La realización de estos espectáculos en el gigantesco escenario de la cancha del estadio, que movilizaba a cientos de actores, con un público multitudinario esperando, principalmente, ver un partido de futbol, tuvo consecuencias imprevisibles y originales… El teatro de masa significaba retorno del teatro a la vida de la comunidad…”.
Directores y profesionalización
- Germán Becker (Teatro de Ensayo UC) impulsó la creación de libretos para espectáculos masivos con temas históricos, religiosos o folclóricos.
- Rodolfo Soto, estudiante de Leyes en la UC, propuso agigantar los títeres y desde 1955 se dedicó a producir eventos masivos.
El éxito de estos espectáculos llevaron a la profesionalización de los Clásicos Universitarios.
En 1965, Rodolfo Soto presenta « La Leyenda de las pirámides », obra escrita y dirigida por él, en un estadio de béisbol en Estados Unidos. « 65.000 personas observaron y aplaudieron esta expresión artística nacida en los estadios chilenos… Sin duda alguna, « esta fórmula artística había generado una nueva técnica de « teatro de masas circular »… influyendo el trabajo de otros artistas, como en el caso de Peter Schumann, director y creador en 1963 de « The Bread and Puppet Theatre », que creará marionetas gigantes para sus espectáculos, inspirándose en el trabajo de a Rodolfo Soto.
Estética y difusión
En 1959, bailarines, músicos, actores, pintores, carpinteros, costureras y titiriteros consolidaron el aspecto estético. Los espectáculos eran transmitidos por radio, permitiendo que los oyentes imaginaran la escena gracias a las descripciones de los locutores.
Escala del escenario y nacimiento de Cocoliche
El uso de gigantes en los espectáculos universitarios derivaba de la escala misma del escenario: la cancha deportiva. En el Clásico Universitario de octubre de 1959, la barra de la Universidad Católica presentó una verdadera obra titulada Recuerdos de Cocoliche.

Cocoliche era una marioneta gigante de ocho metros, sentada en un taburete y tocando un piano de ocho metros de ancho. Manipulada por cinco personas ocultas en su interior, movía ojos, boca, brazos y cabeza, enlazando sus recuerdos a través de canciones.
El periodista Hugo Sainz, en la revista ZigZag (octubre 1959), relató:
“Con una sucesión de escenas de gran colorido, tierna belleza y con contenido humano, fueron surgiendo de la memoria del viejo juguete… recuerdos de costumbres… desde el 900 hasta nuestros días […] alusión a la formación de su niñez y su juventud. Notable obra que, por muchos aspectos, tuvo la virtud de embargar y emocionar intensamente, gracias a su disciplina y perfecta sincronización. El extraordinario despliegue de colorido y el hecho de que la mayoría de sus numerosos personajes fueron interpretados por niños, realzaron el éxito que, incuestionablemente, logró Rodolfo Soto, entusiasta e inteligente creador de este espectáculo”.
Fantasías de Pilín
En el Clásico Universitario nocturno de noviembre de 1960, Rodolfo Soto dirigió la barra de la Universidad de Chile con su libreto Fantasías de Pilín.
- Pilín medía 10 metros y se manipulaba con hilos desde la oscuridad por veinte personas.
- Estaba suspendido en una parrilla metálica conectada a cables que atravesaban la cancha.
- La obra narraba tres relatos, en los que distintos personajes se encarnaban en objetos y marionetas gigantes.

Expansión y giras
Durante los años 60, los Clásicos Universitarios fueron llevados en gira a provincias, presentándose como hechos artísticos independientes de los partidos de fútbol.
En 1965, Rodolfo Soto presentó La Leyenda de las Pirámides en un estadio de béisbol en Estados Unidos. El espectáculo fue visto por 65.000 personas, consolidando la fórmula del teatro de masas circular.
Influencia internacional
La técnica de Soto influyó en otros artistas, como Peter Schumann, creador del Bread and Puppet Theater en Nueva York (1963).
- Schumann incorporó marionetas gigantes en sus espectáculos, inspirándose en el trabajo de Soto.
- Sus títeres aparecieron en 1965 en desfiles políticos y en el movimiento contra la Guerra de Vietnam.
Fuentes: UNIMA – Peter Schumann
Declive y censura
A fines de los años 60, los espectáculos en estadios comenzaron a declinar. Tras el golpe militar de 1973, toda fiesta masiva fue censurada y el Estadio Nacional pasó a ser utilizado como campo de concentración.
El TEPA y la continuidad popular
Durante el gobierno de la Unidad Popular, nació el TEPA (Teatro Experimental Popular Aficionado), dirigido por Isidora Aguirre, destacada dramaturga chilena.
- El presidente Salvador Allende le solicitó integrar su teatro a actos políticos.
- Aguirre escribió libretos breves para ser representados con cabezudos manipulados por pobladores y aficionados.
- Los espectáculos se realizaban en espacios abiertos de las poblaciones, con teatro infantil, títeres y folclore.
En 1972, el TEPA produjo Los cabezones de la Feria, inspirándose en la experiencia del Bread and Puppet Theater. Se realizaron seis cabezudos para una versión criolla.
Interrupción y legado
Si la experiencia no se hubiera detenido con el golpe militar, este tipo de espectáculos de gran formato habría continuado evolucionando, fortaleciendo las condiciones de un auténtico teatro de masas, como lo fueron los Clásicos Universitarios.
Referencias principales
- Historia de títeres y titiriteros, Iván Muñoz e Isabel Hernández. Ediciones Linterna Mágica, Fondart 2012.
- Entrevista a Rodolfo Soto, citada en Pedro Bravo Elizando, Raíces del teatro popular en Chile, 1941.
- Revista Aisthesis – Rodolfo Soto Venegas
- Memoria Chilena – Isidora Aguirre
- Revista Canadiense de Estudios Hispánicos – Osvaldo Obregón
- CineChile – Germán Becker
- La Tercera – Clásicos Universitarios