Capítulo 8: Les Grandes Personnes en Chile

Primera Residencia en Chile

Valparaíso 2008

Desde el año 2005, Fleur Marie Fuentes, chilena de nacimiento e integrante del colectivo  francés Les Grandes Personnes, proyectaba con llevar a Chile un taller de marionetas gigantes. En cada visita a su país natal compartía portafolios y experiencias con actores culturales, mostrando los resultados de los talleres realizados en distintas partes del mundo. Tras varios intentos, en 2007 logró interesar a Nury Gaviola, artista y productora audiovisual, y a Soledad Morales, escenógrafa y marionetista. Ambas se unieron para proyectar y producir un taller que culminara en la creación de marionetas gigantes para un pasacalle en Chile. Soledad Morales viajó a Francia para conocer de primera mano la metodología de trabajo de la compañía. Al regresar a Valparaíso, tomó contacto con el recién creado Consejo de la Cultura, impulsado por la presidenta Michelle Bachelet. El proyecto interesó por su componente social y fue incorporado dentro del programa “Creando Chile en mi barrio”, coordinado por Francia Jamett, con la misión de crear un pasacalle con la comunidad para el Carnaval Cultural 2008.

La Estrella, Valparaíso, 25 octubre 2008

Objetivos

La residencia se realizó durante noviembre y diciembre, en Valparaíso. El objetivo era que con la comunidad se construyeran dos marionetas gigantes, tres medianas y veinte máscaras, que serían presentadas en el pasacalle del Carnaval Cultural de diciembre.

El 28 de diciembre, una comparsa de dieciocho marionetas gigantes, – dos de 4 metros, una mediana de 3 metros, quince marionetas de 2, 70 m, dos carros alegóricos, máscaras y accesorios gigantes— salió desde el Parque El Litre. Junto a las comparsas de los otros colectivos culturales de la ciudad y barrios y acompañadas por bandas musicales recorrieron las avenidas de Valparaíso en una celebración multitudinaria de gran despliegue de arte visual, teatral y musical.

Preparativos y Espacio de trabajo

Las gestiones comenzaron un mes antes, en octubre. Gracias a Milton Pérez, del área de Salud y Arte Terapia del Ministerio de Salud, se consiguió un espacio en el Parque El Litre, entre los jardines y los pasillos, ideales para trabajar al aire libre.

El Consejo de la Cultura y los animadores territoriales difundieron la propuesta en los barrios de Valparaíso. Se realizaron reuniones, se mostraron fotos y videos, y se presentó la marioneta gigante “Mao” en las calles para entusiasmar a los vecinos. Finalmente, unas cincuenta personas se inscribieron y participaron activamente.

Creación colectiva de los personajes

El desafío era grande: involucrar a cincuenta habitantes y mantener una meta clara para que las creaciones colectivas llegaran al pasacalle. El proyecto se convirtió en un espacio centralizador, ya que los vecinos bajaban de los cerros y se reunían en el Parque El Litre junto a artistas locales.

La producción contempló apoyo en transporte para quienes vivían lejos y la organización de almuerzos compartidos, lo que fortaleció la convivencia. El Parque El Litre, con su sello comunitario, se transformó en el lugar ideal para preparar algo visualmente gigantesco.

Los talleres fueron intensivos y lograron reunir un grupo diverso en edades, oficios y motivaciones. Se construyeron personajes reconocibles y cercanos. Cada figura fue diseñada, modelada, vestida y manipulada hasta cobrar vida y expresividad. El conjunto de personajes podían interactuar entre ellos y con el público.

Cada participante tuvo la opción de participar activamente en el Pasacalle final.

Más allá de lo efímero del carnaval, las marionetas se convirtieron en un capital cultural duradero, capaces de proyectar futuros colectivos artísticos y fortalecer el arte callejero en Chile.

Metodologías Participativas

Les Grandes Personnes venían desarrollando desde hacía casi diez años metodologías participativas en talleres comunitarios en Francia y otros países. Estas técnicas fomentaban la inclusión social y la ciudadanía, mostrando cómo los procesos culturales podían transformar comunidades.

En Valparaíso, la experiencia demostró que artistas, vecinos y animadores podían convertirse en protagonistas de un proceso creativo y social, generando cohesión y sentido de pertenencia.

El Taller articula la creación colectiva

Durante dos meses, el parque fue escenario de aprendizaje, creatividad y experimentación. Los talleres se impartieron en distintas áreas: vestuario, pintura, máscaras, cabezas, manos y estructuras. También se construyeron carros alegóricos como el Pelícano gigante y el carro “Boliche”. Los artistas de la compañía —Clodmo, Maurizio, Christophe y Fleur Marie— trabajaron codo a codo con los participantes, transmitiendo técnicas de manipulación y construcción. Poco a poco, el grupo funcionó como un verdadero equipo. Los vecinos con experiencia artística ganaron autonomía, las señoras encontraron espacios para expresar sus habilidades manuales y los jóvenes siguieron con disciplina los cursos de manipulación.

Ensayos y Pasacalles

El ensayo general se realizó en las calles cercanas al parque y fue la prueba definitiva de que todo estaba listo. Al día siguiente, el recorrido del Pasacalle, desde la Plaza Sotomayor hasta la Plaza Italia, fue un momento inolvidable. El público quedó sorprendido  y encantado al ver desfilar a los gigantes: el Viejo del saco, la Mujer múltiple, la estudiante pingüina, el pescador, el carpintero, la abuelita, la parvularia, el poeta, la niñita, el minero, la Señora Gina, el niño pichanguero, el gato, el perro, la burra, el borrachito, el marinero y el troley. Y junto a ellos, el carro alegórico del Gran Pelícano y el carro El Boliche. Todo acompañado por las máscaras y la música de las bandas.

Cierre y Reconocimiento

El proceso culminó con una parrillada compartida, celebrando el esfuerzo colectivo. Días más tarde, se realizó la entrega de diplomas a todos los participantes en la sala de actos del Consejo de la Cultura y las Artes.

Esta experiencia fue más que un taller: fue un proceso de descubrimiento, solidaridad y alegría. Un ejemplo de cómo el arte comunitario puede transformar, mejorar espacios y generar vínculos duraderos entre artistas y ciudadanos.

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